Estadística complaciente....¿para quién? " Pilar Novales 08/03/10
Manifiesto "8 de marzo 2010" área federal de la mujer
Argumentos católicos a favor del derecho a decidirCatólicas por el Derecho a Decidir
La calle y la noche también son nuestras Manifiesto de Mujeres de IU-CM
Un mundo en igualdad un mundo sin violencia area federal de la mujer
VI Informe de Sentencias Benévolas a Maltratadores
Un jurado popular declara a Nagore Laffage culpable de violencia machista
Un juez sostiene que la violencia de género no existe en los noviazgos entre adolescentes
Mujeres. Trabajo invisible. ¿Yo no trabajo?
V Informe de Sentencias Benévolas a Maltratadores
VI Informe de Sentencias Benévolas a Maltratadores
La mujer más valiente de Afganistán exige a EEUU que salga de su país
Muchachas afganas se inmolan tratando de escapar de matrimonios forzados
Instituto Aragonés de la Mujer
Teléfono emergencias
900 504 405
Centro de Información y Servicios para la Mujer
Ricardo del Arco 6
974 293 031
SAVA Servicio de atención a la Víctima del delito
Edificio Audiencia Provincial. Moya 4
974 290 141
Pilar Novales
08/03/10

Hace pocos días conocimos las conclusiones del estudio “Aplicación de la Ley de Igualdad en las empresas de la provincia de Huesca” elaborado por el Observatorio Socioeconómico, organismo promovido por CEOS-Cepyme, Cámara de Comercio, FUNDESA y Multicaja.
Una de las conclusiones de ese estudio es que “…existe menor diferencia en la temporalidad y brecha salarial que la que arrojan los datos oficiales” (un 30% para Aragón en cuanto a brecha salarial). El problema es que el estudio no aborda la cuestión de la brecha salarial, que es la diferencia media de salario entre hombres y mujeres por hora trabajada. Tan sólo se aproxima a la discriminación salarial, práctica completamente ilegal que consiste en pagar salarios distintos por el mismo trabajo, y que queda oculta simplemente dando contratos de categorías diferentes según el sexo del trabajador o trabajadora aunque el trabajo sea el mismo.
En realidad lo que se ha hecho, mezclando ambos conceptos en la presentación de las conclusiones a los medios de comunicación, es dar una visión mucho más suave de la realidad que las mujeres hoy siguen viviendo en su ámbito laboral, al eludir el fondo de la cuestión salarial con bastante autocomplacencia. Las empresas altoaragonesas no son probablemente ninguna excepción respecto a esa brecha salarial en Aragón por la que en los datos oficiales, las mujeres cobran un 30% menos que los hombres, pero este estudio no ha querido entrar allí, flaco favor para los propios empresarios y ninguno para las mujeres.
Estudios aparte, la cosa está en que en este país, la dualización del mercado de trabajo ha ido in crescendo, cada vez hay más personas con bajos salarios y malas condiciones laborales, mientras el número de trabajos con condiciones dignas, disminuye. En ese contexto, las mujeres siempre salen peor paradas, siguen ocupando de manera mayoritaria los trabajos precarios y mal pagados. La brecha salarial entre hombres y mujeres es ciertamente escandalosa, tanto como el número de mujeres que caen o rozan la exclusión social.
Si en la salida de la crisis se sigue avanzando en este mismo modelo económico, donde la precariedad se expande a sus anchas a la par que las desigualdades sociales, una mayor proporción de mujeres seguirá pagando las consecuencias. Parece que desde los poderes públicos basta con la sensibilización en materia de igualdad, con programas y planes en todos los ámbitos, necesaria desde luego, pero a mi modo de ver, insuficiente. Es tan imposible una sociedad justa con profunda desigualdad entre hombres y mujeres, como una sociedad igualitaria para ambos sexos en la que las desigualdades sociales crecen y arraigan.

Celebramos el Día Internacional de la Mujer dentro de una persistente y grave crisis económica, donde la incapacidad del Gobierno para atajarla está dando lugar a medidas que atacan directamente a la sociedad del llamado bienestar y a las conquistas sociales de la clase trabajadora, con políticas neoliberales cada vez más agresivas.
En este contexto las consecuencias son aún mayores para las mujeres debido a las desigualdades históricas que ya de por sí se arrastran. Es por ello que la igualdad no puede esperar, sólo con la igualdad efectiva y real las mujeres podremos superar las condiciones que nos están imponiendo.
Es especialmente relevante la rentabilización espuria del Gobierno del PSOE, en su semestre de presidencia de la Unión Europea. Utilizando leyes como la de Igualdad, violencia o la de interrupción voluntaria del embarazo, para silenciar el desastre económico y la ausencia de avances sociales; y dar una imagen de avanzadilla europea en políticas de igualdad, que dista bastante de la realidad, no sólo por los escuetos contenidos y por su decepcionante aplicación, sino por su evidente desinterés por estas políticas, como bien muestra la ridícula asignación económica en los Presupuestos generales del Estado.
El Área Federal de la Mujer de IU denuncia en este 8 de marzo la pasividad por parte del gobierno que definitivamente a quien está perjudicando más es a las mujeres. Las propuestas en torno a los Pactos de Toledo, indican que los sectores económicamente más deprimidos, van a sufrir con dureza los efectos de una crisis generada por el gran capital. Entre ellos las mujeres somos las directamente señaladas por la reforma de las pensiones, los recortes salariales, el abaratamiento de los despidos,... ya que somos nosotras las que desde el principio tenemos peores condiciones laborales.
Los últimos datos ofrecidos por el INI no dejan duda: de los 2.470.700 trabajos a tiempo parcial de último trimestre 1.917.800 son ocupados por mujeres (101.800 más que hace tres meses) y la tasa de paro femenina está en el 19,07 %. Las medidas que el gobierno del PSOE adopta, están exclusivamente encaminadas a seguir potenciando la industria inmobiliaria, el ladrillo y la especulación urbanística, dejando a un lado la inversión en infraestructuras y servicios públicos.
Con esta política, no sólo se sigue potenciando el paro en los demás sectores productivos, sino que además, se deja a las mujeres en una situación de mayor precariedad que antes. El gobierno del PSOE ha echado en el olvido hasta sus propios compromisos laborales adquiridos en la ley efectiva de igualdad.
Que el fondo de inversión local para el empleo se acompañe del obligatorio informe de impacto de género que garantice el empleo de mujeres en iniciativas laborales socialmente necesarias.
Que en la Inversión pública se primen inversiones e infraestructuras de servicio público, no limitándose a sectores eminentemente masculinizados como la construcción, el asfalto y el automóvil.
Que se acabe de una vez por todas con las diferencias salariales entre hombres y mujeres en puestos de trabajo de igual valor.
Que se incluya obligatoriamente en los contratos públicos, medidas reales de igualdad en la contratación y en el empleo.
Que se obligue a las empresas públicas y privadas a que tengan Planes de Igualdad.
Que se reconozca la contribución económica de las mujeres en los trabajos no considerados como productivos (crianza, cuidado, tareas domésticas, etc.)
Que se asigne el 5 % del total del Presupuesto a políticas “mujer” específicas y transversales. En este 8 de marzo hacemos un llamamiento a las movilizaciones que desde el movimiento de mujeres, se realicen a favor de la igualdad efectiva de las mujeres.
25/11/09

Van ya cinco años desde la aprobación de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género y las cifras de asesinadas a manos de sus parejas o exparejas, lejos de reducirse, incluso se incrementan. En lo que va de año y con fecha del 31 de octubre, son 49 mujeres las que pasan a engrosar estas negras estadísticas.
Desde Mujeres de IU-Comunidad de Madrid, queremos denunciar la ineficacia de una ley que desde su inicio, nació sin una ley de acompañamiento presupuestario que garantizara la inversión necesaria para las medidas planteadas. Una ley que está teniendo serias dificultades para su implantación dado que ésta se ha dejado al arbitrio de cada Comunidad Autónoma, observándose muchas desigualdades dependiendo de la Administración responsable. En el caso de comunidades como Madrid la situación es mucho más insostenible, pues ha habido una dejación total a este respecto hasta llegar a la situación actual. Se han suprimido las medidas de control y vigilancia a los maltratadores por su ineficacia. Ineficacia que por un lado tiene su explicación en la estrategia privatizadora del Gobierno de Esperanza Aguirre, pues la gestión de estas medidas era responsabilidad de una empresa privada. Es intolerable que uno de los mayores problemas que nos afectan a las mujeres en la actualidad, un problema que tiene que ver con el aseguramiento de nuestra propia vida, no sea una de las prioridades de las distintas administraciones. Como intolerable es que se haga bandera de la misma cuando no se están aplicando las medidas suficientes para superar este problema.
Una Ley con muchas carencias que tienen, no sólo que ver con la falta de fondos económicos, sino también con las definiciones de las propias medidas. En su articulado no se refleja ninguna medida específica de concienciación y sensibilización hacia los hombres, agente clave en la superación de la violencia. ¿Cómo es posible que no exista una reflexión seria en la que, lejos de criminalizar a nadie, se identifiquen elementos específicos hacia los hombres?
Una Ley que, a pesar de su nombre, no entiende la violencia machista de una manera integral, sino como un problema concreto, lo que le lleva a no conectar los distintos elementos que hacen que ésta perviva. Pues la violencia machista va mucho más allá del maltrato contra las mujeres, sin duda su cara más terrible. La violencia machista es un problema estructural, y como tal está inserto en todos los ámbitos de la sociedad. Tiene que ver con la propia definición que esta sociedad hace de las mujeres y que se esfuerza en perpetuar mediante el bombardeo mediático de estereotipos, así como tiene que ver con la definición que hace de los hombres. Tiene que ver con los roles que se reproducen desde los primeros ciclos de la educación, en la que las mujeres sólo aparecemos como dependientes y nunca como sujetas de acción y de creación. Tiene que ver con la invisibilidad a la que tenemos que enfrentarnos constantemente para que no caigamos en el olvido. Tiene que ver con los constantes intentos de apropiación de nuestra sexualidad como mujeres, definiendo la misma para hacerla funcional a las necesidades masculinas. Tiene que ver con las definiciones que se hacen del amor y de las relaciones, en las que la posesión del uno y del otro acaba siendo el elemento central.
Todo esto construye un imaginario, construye un modo de entender la realidad que nos afecta a las mujeres y a los hombres, y es ahí desde donde hay que trabajar. Hablamos de subvertir un orden de cosas. Un orden de cosas que permite que exista el asesinato, porque “la maté porque era mía”. Así como permite que existan muchos otros crímenes, como las violaciones. Que nos sitúa a las mujeres en una situación de mayor vulnerabilidad en tanto en cuanto se nos objetualiza.
Y esto no significa que seamos víctimas. Todo lo contrario. Desde Mujeres de IU Comunidad de Madrid, queremos reivindicar nuestro papel fundamental en el desarrollo de las sociedades. Nuestra capacidad para intervenir en todos los ámbitos y en todos los niveles de la sociedad. Porque mientras que se siga pensando en términos asimétricos, en términos de contrarios irreconciliables, seguiremos sufriendo la violencia que denunciamos.
Por eso este día, como todos los días de nuestra vida, queremos sumarnos al rechazo frontal y absoluto a cualquier tipo de violencia contra la mujeres. Por eso desde Mujeres de IU Comunidad de Madrid no cejaremos en la denuncia e intervención frente a las situaciones que sustentan el patriarcado. Porque lo personal siempre ha sido y es político:
LA CALLE Y LA NOCHE TAMBIÉN SON NUESTRAS.
25/11/09

Hoy 25 de Noviembre es el Día Internacional para la Eliminación de la Violenciacontra las Mujeres. Violencia que sufrimos por el simple hecho de ser mujer.
Esta fecha se puso en homenaje a las hermanas dominicanas Mirabal que fueron violentamente asesinadas durante la dictadura de Trujillo por su activismo político(1960).
Todavía hoy, en el siglo XXI, la violencia contra las mujeres sigue siendo un problema de gran magnitud en todo el mundo, que tiene sus raíces en la estructura de los sistemas sociales, en las costumbres, pautas culturales y religiosos que asignan a las mujeres una posición inferior y subordinada en la familia, en el trabajo y en la sociedad.
Además de la violencia en la pareja, es necesario identificar y reconocer otras formas de violencia contra las mujeres que por su invisibilidad se hacen cotidianas, tales como:
En estos momentos de crisis, todavía resalta más la cara femenina de la pobreza.
Como siempre, es la clase trabajadora la que asume las consecuencias de la crisis del capitalismo, y como siempre, es la mujer el eslabón más débil sobre el que recaen las peores consecuencias.
Desde aquí, insistimos en que el único camino viable es un giro de 180º en el sistema político, económico y social, el que elimine las desigualdades y propicie el desarrollo de todas las personas en libertad.
Necesitamos, que la ley integral de violencia de genero también camine en esa dirección, con un desarrollo realmente efectivo y una mayor coordinación entre las distintas administraciones, y que no se quede anclada en una ley con insuficientes dotaciones jurídicas, económicas y de personal.
Solo el 30% de las mujeres que han sido asesinadas por violencia machista este año habían denunciado previamente. Por ello, es necesario un trabajo de concienciación de toda la sociedad.
Así, para poder visualizar esta lacra, pedimos a las instituciones que promuevan paros de 5 minutos de silencio por cada mujer asesinada en el estado español al igual que se hace con otros tipos de violencia.
Pedimos que se incorpore la educación en valores de igualdad y respeto dentro de todo el sistema educativo.
Actualmente, han sido ____67____ mujeres asesinadas en nuestro país.
Exigimos poner fin a esta lista negra con cara de mujer.
POR TODO ELLO, DESDE LA COORDINADORA DE ORGANIZACIONES DE MUJERES DE ZARAGOZA Y DESDE EL CONJUNTO DE LA SOCIEDAD ARAGONESA, PEDIMOS:
Y por último, pedimos
En Zaragoza a 25 de noviembre de 2009.
Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres
17/11/09 redfeminista.org

Acaba de ser juzgada y condenada en la audiencia de Pamplona Nagore Laffage, una joven estudiante de enfermería de veinte años. El delito que había cometido y del que la consideró culpable un jurado popular formado por seis mujeres y tres hombres fue el de ejercer su derecho a vivir en libertad, a ser respetada como mujer y a decir sí o no a los hombres sin miedo.
Nagore no pudo defenderse de los cargos que se le imputaban porque su víctima, Jose Diego Yllanes, un psiquiatra de 27 años que trabajaba en el hospital de Navarra donde Nagore hacía sus prácticas, obcecado por la actitud beligerante de Nagore a la hora de hacer ejercicio de su derecho a vivir en una sociedad igualitaria y justa, se sintió amenazado e impelido a golpearla salvajemente y después a estrangularla con una sola mano.
Por todos estos hechos delictivos, el jurado sentó en el banquillo a Nagore e hizo recaer sobre ella la responsabilidad de su muerte, porque, sin duda, Nagore estaría viva si no se hubiera ido con Jose Diego Yllanes, al que sólo conocía de vista del hospital, confiando en disfrutar sanamente de su compañía en una noche de San Fermines, con la pasión y alegría de vivir propias de su edad; porque, sin duda, Nagore estaría viva si no hubiera besado en el ascensor a Jose Diego Yllanes confiando en que un hombre de aproximadamente su edad, que había tenido todas las oportunidades en la vida para ser una persona decente, un médico del hospital en el que trabajaba, iba a entender sus besos como lo que eran, ganas de pasarlo bien juntos, jóvenes e iguales, y no que podían ser interpretados como el deseo de una “relación apasionada” que consistía en “quitarle la ropa de forma brusca, rompiendo la trabilla del pantalón, un tirante del sujetador y el tanga por tres sitios”; porque, sin duda, Nagore estaría viva si no se hubiera sentido por ello agredida sexualmente, vejada por la actitud violenta de Jose Diego Yllanes, y si hubiera acatado con docilidad sus deseos en lugar de resistirse y ejercer su derecho a decir no; porque, sin duda, Nagore estaría viva si no hubiera esperado ingenuamente que Jose Diego Yllanes, un hombre joven, médico, con una educación privilegiada, respetaría su decisión en lugar de sentirse amenazado pues, ella, Nagore, “podía destruir su carrera y denunciarle”; porque, sin duda, Nagore estaría viva si Jose Diego Yllanes no se hubiera visto impelido a reaccionar “tapándole la boca para evitar que gritara y a golpearla de manera deliberada y repetidamente en diversas partes del cuerpo”; porque, sin duda, Nagore estaría viva si se hubiera dejado golpear en silencio y no hubiera tenido la desfachatez de intentar defenderse y arañar a Jose Diego Yllanes; porque, sin duda, Nagore estaría viva si no se hubiera rebelado frente a una situación a todas luces injusta y su rebeldía no hubiera obcecado hasta tal punto a Jose Diego Yllanes como para que “presionara con su mano el cuello de Nagore, produciéndole la asfixia y la muerte”, ni como para que, después, intentara trocear su cadáver, le cortara un dedo, introdujera su cuerpo en bolsas, limpiara el piso, cogiera el coche de su padre y arrojara el cuerpo de Nagore en un paraje cercano a Pamplona.
Por cometer todos estos delitos, Nagore acaba de ser juzgada y condenada por un jurado que, pasando por alto las pruebas presentadas por la policía foral y los médicos forenses y las declaraciones de los testigos dio crédito únicamente a la versión de Jose Diego Yllanes y consideró que su muerte no había sido un asesinato sino un homicidio con atenuantes. Nagore murió por segunda vez cuando por segunda vez se le negó, ahora con una sentencia legal, su derecho, el de todas las mujeres, a vivir libres e iguales a los hombres, a ser respetadas y a poder decir sí o no sin miedo.
Con Nagore, nos sientan a todas en el banquillo. Muchos tertulianos, y también tertulianas, ya lo han manifestado en televisión y radio estos días: “La muerte de Nagore debe servir para enseñar a las mujeres a ser más prudentes”. La responsabilidad, recae, una vez más, sobre nosotras. Las mujeres debemos vivir con miedo y educar en el miedo a nuestras hijas para que no las maten, porque si las matan será culpa de ellas y de nosotras, por su actitud y la nuestra, por su aspecto o por su comportamiento y su muerte no será un asesinato, tan solo “un hecho trágico”, como definió la de Nagore el abogado de Jose Diego Yllanes, ilustre penalista de la universidad de Navarra.
Pero si de verdad las mujeres podemos aprender algo de la muerte de Nagore y de este lamentable e injusto juicio es que tenemos la responsabilidad de ser tan prudentes como para enseñar a nuestras hijas no a vivir atemorizadas sino a luchar por sus derechos, a luchar por ser libres e iguales a los hombres y poder disfrutar del sexo y del amor sin miedo; a luchar por no tener que morir por ello, como Nagore.
ABC 20/11/09

La Audiencia de Cantabria ha absuelto de un delito de violencia de género a un joven que amenazó y persiguió a su ex novia para que volviera con él, porque considera que un «enamoramiento propio de adolescentes», sin proyecto de futuro, no puede equipararse a la relación de pareja que exige el Código Penal. La sección tercera de la Audiencia confirma así la sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal número 2 de Santander, que condenaba a J.M.G.L. a pagar una multa de 60 euros por una falta de amenazas y coacciones de carácter leve y le prohibía acercarse a la chica, menor de edad, durante seis meses, pero le absolvía del delito de violencia de género que también se le imputaba.
En esa sentencia se relata que, con el fin de reanudar su relación, el joven trató de presionar a la chica de diversas formas: llamándola insistentemente a diario a su teléfono móvil, presentándose en el centro donde estudiaba dibujo, dando gritos y golpes en la puerta, y llamando a sus amigos y conocidos en tono intimidatorio, informa Efe. Además se acercó a las inmediaciones del domicilio de la chica y la abordó, diciéndole a gritos que «se iba a enterar»y que «con quien había estado»,al mismo tiempo que le arrebató el móvil. Como no atendió a sus requerimientos, llegó a tirarse por el suelo y a arrastrarse por la calzada.
La acusación particular recurrió el fallo del Juzgado de lo Penal número 2 al considerar que el joven había cometido un delito de violencia de género, pero la Audiencia desestima ese recurso con el argumento de que la relación que mantenía con la chica, aunque haya durado dos años, no puede ser calificada como de pareja en los términos que recoge el artículo 172 del Código Penal. Así, recuerda que ese artículo se refiere a quienes de modo leve coaccionen «a quien sea o haya sido su esposa o mujer que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aun sin convivencia».
Concha García Hernández, Psicóloga

Definición.
En ocasiones, las distintas denominaciones de los malos tratos lleva a confusión: Violencia de Género, Violencia Doméstica, de pareja, hacia las mujeres, masculina o sexista…
La violencia doméstica hace referencia a aquella que se produce dentro del hogar, tanto del marido a su esposa, como de la madre a sus hijos, del nieto al abuelo, etc. Excluye aquellas relaciones de pareja en las que no hay convivencia.
La violencia de género tiene que ver con “la violencia que se ejerce hacia las mujeres por el hecho de serlo”, e incluye tanto malos tratos de la pareja, como agresiones físicas o sexuales de extraños, mutilación genital, infanticidios femeninos, etc.
Algunas definiciones:
Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada (“Artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Naciones Unidas, 1994).
Susana Velázquez (2003) amplía la definición de violencia de género: Abarca todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física.
· Física. La violencia física es aquella que puede ser percibida objetivamente por otros, que más habitualmente deja huellas externas. Se refiere a empujones, mordiscos, patadas, puñetazos, etc, causados con las manos o algún objeto o arma. Es la más visible, y por tanto facilita la toma de conciencia de la víctima, pero también ha supuesto que sea la más comúnmente reconocida social y jurídicamente, en relación fundamentalmente con la violencia psicológica.
· Psicológica. La violencia psíquica aparece inevitablemente siempre que hay otro tipo de violencia. Supone amenazas, insultos, humillaciones, desprecio hacia la propia mujer, desvalorizando su trabajo, sus opiniones... Implica una manipulación en la que incluso la indiferencia o el silencio provocan en ella sentimientos de culpa e indefensión, incrementando el control y la dominación del agresor sobre la víctima, que es el objetivo último de la violencia de género.
· Dentro de esta categoría podrían incluirse otros tipos de violencia que llevan aparejado sufrimiento psicológico para la víctima, y utilizan las coacciones, amenazas y manipulaciones para lograr sus fines.
· Se trataría de la violencia “económica”, en la que el agresor hace lo posible por controlar el acceso de la víctima al dinero, tanto por impedirla trabajar de forma remunerada, como por obligarla a entregarle sus ingresos, haciendo él uso exclusivo de los mismos (llegando en muchos casos a dejar el agresor su empleo y gastar el sueldo de la víctima de forma irresponsable obligando a esta a solicitar ayuda económica a familiares o servicios sociales).
· También es habitual la violencia “social”, en la que el agresor limita los contactos sociales y familiares de su pareja, aislándola de su entorno y limitando así un apoyo social importantísimo en estos casos.
· Sexual. “Se ejerce mediante presiones físicas o psíquicas que pretenden imponer una relación sexual no deseada mediante coacción, intimidación o indefensión” (Alberdi y Matas, 2002). Aunque podría incluirse dentro del término de violencia física, se distingue de aquella en que el objeto es la libertad sexual de la mujer, no tanto su integridad física. Hasta no hace mucho, la legislación y los jueces no consideraban este tipo de agresiones como tales, si se producían dentro del matrimonio.
Habitualmente se justifica y se trata de dar explicación a este tipo de violencia atendiendo a:
Aquellos hombres que son alcohólicos y maltratan a sus mujeres, sin embargo no tienen, en su gran mayoría, problemas o peleas con otros hombres, con su jefe o su casero. El estrés laboral o de cualquier tipo afecta realmente a mucha gente, hombres y mujeres, y no todos se vuelven violentos con su pareja.
En el fondo, estas justificaciones buscan reducir la responsabilidad y la culpa del agresor, además del compromiso que debería asumir toda la sociedad para prevenir y luchar contra este problema.
Lenore Walker definió el Ciclo de la violencia a partir de su trabajo con mujeres, y actualmente es el modelo más utilizado por las/los profesionales.
El ciclo comienza con una primera fase de Acumulación de la Tensión, en la que la víctima percibe claramente cómo el agresor va volviéndose más susceptible, respondiendo con más agresividad y encontrando motivos de conflicto en cada situación.
La segunda fase supone el Estallido de la Tensión, en la que la violencia finalmente explota, dando lugar a la agresión.
En la tercera fase, denominada de “Luna de Miel” o Arrepentimiento, el agresor pide disculpas a la víctima, le hace regalos y trata de mostrar su arrepentimiento. Esta fase va reduciéndose con el tiempo, siendo cada vez más breve y llegando a desaparecer. Este ciclo, en el que al castigo (agresión) le sigue la expresión de arrepentimiento que mantiene la ilusión del cambio, puede ayudar a explicar la continuidad de la relación por parte de la mujer en los primeros momentos de la misma.
Este ciclo pretende explicar la situación en la que se da violencia física, ya que la violencia psicológica no aparece de manera puntual, sino a lo largo de un proceso que pretende el sometimiento y control de la pareja.
El síndrome de la mujer maltratada, definido por Walker y Dutton se define como una adaptación a la situación aversiva caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación; por el cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo. También pueden desarrollar los síntomas del trastorno de estrés postraumático, sentimientos depresivos, de rabia, baja autoestima, culpa y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales, conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.
Enrique Echeburúa y Paz del Corral equiparan estos efectos al trastorno de estrés postraumático, cuyos síntomas y características, sin duda, aparecen en algunas de estas mujeres: re-experimentación del suceso traumático, evitación de situaciones asociadas al maltrato y aumento de la activación. Estas mujeres tienen dificultades para dormir con pesadillas en las que reviven lo pasado, están continuamente alerta, hipervigilantes, irritables y con problemas de concentración.
Además, el alto nivel de ansiedad genera problemas de salud y alteraciones psicosomáticas, y pueden aparecer problemas depresivos importantes.
Desarrollo del síndrome de la mujer maltratada
Marie-France Hirigoyen diferencia entre dos fases en las consecuencias, las que se producen en la fase de dominio y a largo plazo.
En la primera fase, la mujer está confusa y desorientada, llegando a renunciar a su propia identidad y atribuyendo al agresor aspectos positivos que la ayudan a negar la realidad. Se encuentran agotadas por la falta de sentido que el agresor impone en su vida, sin poder comprender lo que sucede, solas y aisladas de su entorno familiar y social y en constante tensión ante cualquier respuesta agresiva de su pareja.
Marie-France Hirigoyen habla de consecuencias a largo plazo refiriéndose a las etapas por las que pasan las víctimas a partir del momento en que se dan cuenta del tipo de relación en la que están inmersas. Durante esta fase, las mujeres pasan un choque inicial en el que se sienten heridas, estafadas y avergonzadas, además de encontrarse apáticas, cansadas y sin interés por nada.
En muchas ocasiones es necesaria una intervención previa, que la mujer pase por un período de reflexión y quizá varios intentos de salir de esa relación violenta, con ayuda terapéutica o sin ella, hasta que tome la decisión definitiva. A partir de entonces, el apoyo psicológico se centrará en varios aspectos, valorando previamente las necesidades y demandas individuales de cada paciente.
Deberemos evaluar cuáles han sido las secuelas concretas que ha dejado la situación vivida en esa persona, y graduarlas para establecer un orden para el tratamiento.
Algunas de las intervenciones más habituales y básicas para su recuperación serían:
El principal camino para acabar con la violencia de género es la prevención. Esto incluye, por supuesto, un cambio global en la forma de ver las relaciones entre mujeres y hombres, un cuestionamiento de los roles sociales y estereotipos, del lenguaje, etc. Estos cambios deben partir de las personas adultas con el objetivo de que se transmitan eficazmente a niños y niñas.
Además, tu puedes prevenir y evitar implicarte en una relación que puede llegar a ser violenta:
· En primer lugar, detectar manipulaciones, aproximaciones no solicitadas, desconfiar de promesas que no tienen sentido en un momento de la relación, tener claro que decir que “no” a algo no es negociable, alejarse cuando esa persona que se te acerca tratando de hacerte ver que tenéis mucho en común o que le debes algo. Para todo esto es muy importante confiar en tu intuición, en las sensaciones de desasosiego que te producen. Cuando conoces a alguien le evalúas igualmente, valoras si esa persona encaja contigo; solo es importante que a partir de ahora incluyas también estos puntos si quieres prevenir encontrarte en una relación violenta. Valora sus ideas sexistas, cómo fueron sus relaciones anteriores (si rompió él o no, cómo habla de ellas…), etc.
· Además, valora tus propias ideas respecto al amor y la pareja, el papel de la mujer en la misma, a qué se debe renunciar por amor.., etc.
· Y ante todo, conociéndote a ti misma y teniendo claros tus valores. Si los valores de la otra persona entran en conflicto con los tuyos, debes saber reconocerlo y no aceptar en ningún caso renunciar a aquello que es importante para ti.
por Hernán Montecinos

En la puerta del jardín de infantes, varias mujeres conversan mientras esperan que entren los chicos.
- En la oficina me están matando, nueve horas todos los días, a veces ni puedo salir a comer… –dice una mujer.
- ¿Nueve horas te parece mucho? Mi cuñada entró hace poco a una fábrica de alfajores, ¡no baja de 12 horas por día! ¡Pobre! Antes no trabajaba y tenía tiempo.
- ¿Y vos qué hacés Mariana?
- No, yo no trabajo, soy ama de casa.
- ¡Vos sí que zafaste! Todo el día en tu casa… –comentaron las demás. Sonó el timbre y se saludaron. Mariana se fue pensando “¿vos sí que zafaste?”
Es un lugar común pensar que las tareas domésticas no son trabajo, que las amas de casa no trabajan… ¡Hasta las mismas mujeres, muchas veces, creen que lo que ellas hacen no es “nada”!
También se suele pensar que las mujeres que trabajan fuera de su hogar, cuando regresan de la empresa, la escuela, la fábrica o el hospital, terminaron su jornada laboral y pueden descansar, como cualquier otro trabajador. Sin embargo, las mujeres son las que, mayoritariamente, ponen la ropa a lavar, la tienden, la planchan, preparan la comida, hacen las compras, limpian la casa, tienden las camas, ayudan a sus hijos con las tareas escolares, etc. ¿Y esto no es trabajo?
¿Qué diferencia existe entre la tarta pascualina hecha en casa y la que se puede comprar en la rotisería? ¿Qué diferencia hay entre lavar, colgar y planchar la ropa o mandarla a un lavadero automático? La diferencia no está en los resultados del trabajo (comida, ropa limpia), sino en el trabajo mismo: en la rotisería y en el laverap hay una empleada o un empleado que cocina o lava la ropa a cambio de un salario. En casa, no se cobra ni un peso por hacer las mismas tareas: es un trabajo gratuito que realizan, mayoritariamente, las mujeres y las niñas desde hace siglos.
Millones de personas en el mundo viven de la venta de su fuerza de trabajo, a cambio de un salario. Sólo una pequeña minoría de parásitos capitalistas son los dueños de las fábricas y empresas que explotan a estos millones de trabajadoras y trabajadores. Entre los “gastos” del capitalista, está el mantenimiento de las máquinas. Para que funcionen bien hay que ponerles aceite, repararlas, limpiarlas, ajustarle las tuercas… eso lo hacen los operarios de mantenimiento, a los que se les paga un salario por esta tarea.
Pero los trabajadores y trabajadoras también necesitan “mantenimiento” para poder vender su fuerza de trabajo al capitalista: cada mañana tienen que estar descansados, con energía renovada, con la ropa limpia y tienen que comer. Si las máquinas son obsoletas, hay que reemplazarlas por máquinas nuevas. ¡Lo mismo pasa con los trabajadores! Cuando el patrón explotó durante años a un obrero, cuando le quitó su salud y su vitalidad… es necesario “reponerlo” por nuevos jóvenes trabajadores. Pero a diferencia de lo que sucede con las máquinas, gran parte de ese trabajo de “mantenimiento” no lo cubre el salario que cobra el trabajador: se hace gratuitamente en el hogar de la familia trabajadora.
En todas las sociedades divididas en clases existen tres procesos para la reproducción de la fuerza de trabajo: en primer lugar, ciertas actividades diarias para restablecer la energía de los productores permitiéndoles volver a trabajar; en segundo lugar, las mismas actividades para mantener a los miembros inactivos de las clases explotadas –niños, viejos, enfermos, desocupados e incluso a quienes están implicados exclusivamente en estas actividades de “mantenimiento”, como las amas de casa-; y tercero, procesos de “reemplazo” que renuevan la fuerza de trabajo, sustituyendo a los miembros de las clases explotadas que mueren o ya no pueden trabajar por nuevas generaciones.
Ese trabajo “invisible”, hecho mayoritariamente por las mujeres, permite que millones de asalariadas y asalariados se levanten todos los días para ir a su trabajo, que a cada generación de asalariados, le siga otra generación de asalariados, y que todos los miembros de la familia trabajadora que no son “productivos” para el capitalismo, sean mantenidos sin que a la patronal le cueste un centavo.
La fuerza de trabajo, en las sociedades capitalistas, es también una mercancía, es decir, tiene un valor de uso (su capacidad para generar más valor, produciendo otras mercancías) y un valor de cambio (lo que cuesta, es decir, el salario). Según Marx, el valor de cambio de la fuerza de trabajo es equivalente al “valor de los medios de subsistencia necesarios para el mantenimiento del trabajador”, algo muy por debajo de las enormes riquezas que verdaderamente produce esa fuerza de trabajo. Es decir que al trabajador no se le paga por lo que hace, sino por lo que a él le cuesta vivir. La mayor parte de su tiempo de trabajo está destinada a engrosar las ganancias del capitalista. Y lo que es peor, dentro de esos “medios de subsistencia necesarios para el mantenimiento del trabajador”, hay muchos que no se compran en el mercado con parte del salario, sino que se hacen gratuitamente en el hogar. Lo que muestra que, en realidad, el capitalista siempre gana. Cuando a las máquinas hay que cambiarles un repuesto, no le queda otra que comprar la pieza y que un obrero, que cobra un salario, la reponga. Pero cuando los obreros necesitan reponer su energía, no hace falta que el empresario pague lo suficiente como para ir a restaurantes o comprar comida hecha todos los días… alguien, en la casa, prepara la comida gratuitamente.
Pero hay algo más: en el capitalismo, como en ninguna otra sociedad de clases anterior, las tareas de mantenimiento y reproducción de la fuerza de trabajo están extremadamente aisladas espacial, temporal e institucionalmente, del mundo de la producción. Eso hace que una parte del trabajo necesario para el “mantenimiento” del trabajador, que se cumple en la jornada laboral –es decir, en el mundo de la producción- sea visible y reconocido por todos (“¡Yo me rompo el lomo para traer la plata a casa!”). Pero otra parte de ese trabajo necesario, el que se realiza gratuitamente entre las cuatro paredes del hogar –es decir, en el mundo destinado exclusivamente a la reproducción-, nadie lo percibe (“¡De qué te quejás, si vos no hacés nada!”).
El trabajo doméstico no tiene horario y, en ocasiones, incluso se realiza mientras el resto de la familia goza de su derecho al ocio o al descanso. Además, nadie parece advertirlo, excepto cuando hay alguna “falla”. No es común reconocer lo bueno que es que la comida esté hecha y servida, diariamente, cuando tenemos hambre. Pero si no está a tiempo, es fácil quejarse. A nadie se le ocurre decir, cada mañana “¡Qué bueno que el baño esté limpio!”, pero si por alguna razón no se pudo limpiar el baño, seguro que alguien dirá “¿Qué estuviste haciendo que está todo sucio?”
Todo lo dicho hasta ahora no explica por qué el trabajo doméstico todavía recae casi exclusivamente en las mujeres de la familia, aún cuando actualmente se advierte una tendencia a compartir más equitativamente las tareas domésticas entre los miembros adultos del hogar. Esto se origina en tiempos remotos.
Se estima que en la prehistoria, antes que existiera la propiedad privada y la sociedad se dividiera en clases sociales antagónicas, todos los miembros de la comunidad hacían alguna actividad para garantizar la subsistencia del grupo: cazar, pescar, recolectar o cocer los alimentos tenía la misma importancia vital para todos. Todos los integrantes de la comunidad debían “trabajar” para garantizar la miserable subsistencia cotidiana.
Sin embargo, el perfeccionamiento en las técnicas de agricultura y domesticación de animales, entre otros descubrimientos y desarrollos realizados durante este período prehistórico, dieron lugar a un enorme avance de las fuerzas productivas que permitieron, por primera vez, que los seres humanos controlaran la producción de su propio sustento. Surgió, entonces, la posibilidad de acumular un excedente con lo producido.
Aquí se encuentra el origen de la división de la sociedad en clases: el trabajo de un sector mayoritario de la sociedad alcanzaba para mantener la existencia de un grupo minoritario que se vio eximido de la obligación de trabajar para garantizar su subsistencia. Como es de esperarse, la sociedad cambió drásticamente. Ahora, los que se habían apropiado de las tierras y los bienes debieron asegurarse la legitimidad de su descendencia, que sería la que heredaría las propiedades. Las mujeres, además, por su capacidad reproductiva, se convertirán en un preciado tesoro para la reproducción de la fuerza de trabajo, de más manos que podrán crear mayores riquezas. Entonces, adquirió una gran importancia la filiación, como asimismo la fidelidad de la mujer a un solo varón. “Si la función primordial de la mujer en la vida es producir herederos legítimos, tiene que ser controlada eficazmente por los hombres de la familia. Ese control se logra confinándola idealmente a una esfera exclusivamente femenina, de la que están excluidos todos los hombres salvo los de su propia familia, es decir, el hogar.” (1)
Así se fue gestando la gran división entre producción y reproducción, entre lo público y lo privado, entre el mundo del trabajo y el hogar. Durante siglos, los hombres ocuparon predominantemente el espacio de la producción social, mientras las mujeres quedaron relegadas al espacio de la reproducción en el ámbito privado. La Iglesia, el Estado, la escuela y la misma familia fueron las instituciones que inculcaron la idea de que esto era así por mandato divino, porque siempre había sido del mismo modo, porque era obvio y natural que así fuese… ocultando la verdadera historia de cómo las mujeres llegaron a esta situación de subordinación, destinadas casi exclusivamente a los fatigosos y repetitivos quehaceres domésticos sin que nadie tuviera en cuenta que esto, también era un trabajo.
Con el advenimiento del capitalismo, la familia de las clases trabajadoras se transforma en una unidad de asalariados: por primera vez en la historia, las mujeres, e incluso las niñas y los niños, fueron incorporados masivamente a la producción extra-doméstica. El capitalismo incorpora su fuerza de trabajo a fábricas, talleres y empresas; pero no exime a las mujeres de las tareas domésticas, porque en ese trabajo no remunerado radica en gran parte el sostenimiento de la familia proletaria. En vez de liberarla de las cadenas de la esclavitud que la oprimieron durante siglos, el capitalismo hace recaer sobre las mujeres una doble jornada laboral: una parte, a cambio de un salario siempre menor que el que cobran los hombres por realizar el mismo trabajo; otra parte, sin remuneración alguna, al interior del hogar. Así viven millones de mujeres en el mundo. Muchas mujeres trabajadoras deben recurrir a otras mujeres para cubrir ambas jornadas de trabajo: vecinas, madres o hijas se harán cargo, entonces, de cuidar a los más pequeños durante las horas en que la madre está trabajando fuera del hogar o bien, parte de su salario debe destinarlo a pagarle a otra mujer que cuidará a los niños o realizará las tareas domésticas en su ausencia (2). Pero aún cuando en los grandes centros urbanos se haya extendido el uso de electrodomésticos -que, si bien no eliminan las tareas, las hacen más livianas-, la realidad es que millones de mujeres en el planeta no tienen acceso a redes de agua potable, ni gas, ni electricidad y siguen realizando el pesado trabajo doméstico como en tiempos remotos.
Éste era un slogan de las feministas de los años ’60; una forma humorística de visibilizar que los quehaceres domésticos son trabajo no remunerado. Sin embargo, es evidente que con pedir empleo no alcanza, porque las mujeres que trabajan fuera de su hogar, no se desentienden de las tareas domésticas, cargando sobre sus espaldas con una doble jornada laboral. Frente a esta situación, hay quienes defienden la idea de un salario para el ama de casa; sin embargo, esto también encierra una paradoja que es la de condenar a las mujeres –por un subsidio mínimo- al encierro en el hogar, en jornadas que no tienen límite de horario, ni vacaciones, ni jubilación, ni mucho menos la posibilidad de organizarse junto al resto de la clase trabajadora. Por eso, el marxismo revolucionario pelea por el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, con un salario equivalente a la canasta familiar, mientras exigimos un subsidio para todas las personas desocupadas, entre las que contamos a decenas de miles de amas de casa de familias trabajadoras y del pueblo pobre. Enfrentamos así a los capitalistas que utilizan a las amas de casa como una reserva de fuerza laboral contra las trabajadoras y trabajadores ocupados y sus salarios. También exigimos que las tareas que hoy realizan gratuitamente las mujeres en el ámbito privado de su casa, se tranformen en trabajo asalariado fuera del hogar, aliviando esta pesada carga que recae exclusivamente sobre sus espaldas. Por eso exigimos guarderías y escuelas gratuitas, financiadas por el Estado, abiertas las 24 horas del día, para poder afrontar el cuidado de los niños y niñas aún cuando madres y padres trabajen en horarios nocturnos o tengan turnos rotativos, como es frecuente en algunas industrias; servicios sociales de bajo costo y buena calidad como restaurantes, casas de comida para llevar, lavanderías, etc. en todos los barrios, subsidiados por la patronal y el Estado. También planteamos la necesidad de un plan de viviendas y que los alquileres no superen el 10% del ingreso familiar, entre otras medidas.
Aunque nuestra crítica no se dirige contra las mujeres que, personalmente, buscan alguna salida individual a las intolerables presiones del machismo; señalamos que no existe solución individual para millones de mujeres oprimidas. Porque sabemos que la raíz de toda opresión se encuentra en la existencia de la propiedad privada y la explotación de millones de hombres y mujeres que no tienen más que su fuerza de trabajo. Por eso, aunque la familia se beneficie del trabajo no remunerado que se realiza en el hogar, no planteamos una lucha contra los hombres, sino que dirigimos nuestras demandas contra los responsables de las condiciones económicas y sociales donde se ancla la opresión de las mujeres: la clase dominante, su Estado, su gobierno y sus agentes. Sólo con su desaparición se podrán transformar radicalmente todas las condiciones de vida y podremos aspirar al pleno desarrollo de las relaciones humanas basadas en una verdadera igualdad.
Por eso sostenemos que, sólo conquistando su independencia política de la burguesía, la clase obrera y sus aliados –incluyendo a las mujeres que luchan por su liberación- conseguirán transformarse en una fuerza poderosa, confiar en sus propias fuerzas y avanzar en el camino de la revolución proletaria. Sólo la revolución socialista podrá sentar las bases materiales para la socialización del trabajo doméstico y la igualdad social y económica de la mujer que permitirán erradicar todas las formas de opresión heredadas del milenario patriarcado.
Notas
1) Stolcke, V.: “Los trabajos de las mujeres” en Debate sobre
la mujer en América Latina y el Caribe, Vol.III “Sociedad, subordinación
y feminismo”, de Magdalena León (ed.), Asoc. Colombiana para
el Estudio de la Población, Bogotá, 1982.
2) El trabajo doméstico es uno de los sectores más “feminizados” y
precarizados del mercado laboral, sobre el que nos referiremos en un próximo
número dedicado exclusivamente a la doble explotación de las
mujeres.
Buenos Aires, 22-5-08
Amy Littlefield
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Malalai Joya, llamada “la mujer más valiente de Afganistán”, está terminando una gira por EEUU donde ha exigido a la administración Obama que saque a sus tropas de su país. Entre otras muchas cosas, ha manifestado que nada podría ser peor para las mujeres afganas que lo que ella considera como actual guerra civil.
Rodeada de hombres poderosos que al menos le doblaban la edad, Malalai Joya, que entonces, con 27 años, era la persona más joven elegida para el Parlamento afgano, levantó la mano para hablar. Cuando así lo hizo denunció a los señores de la guerra y narcotraficantes presentes en el gobierno, ofreciendo un alegato en defensa de los derechos de las mujeres.
Eso ocurrió allá por 2005, cuatro años después de que EEUU invadiera Afganistán. Dos años más tarde, Joya fue expulsada del Parlamento por criticar a los señores de la guerra que controlan el país bajo el Presidente Hamid Karzai y con el apoyo de EEUU.
Sus enemigos han intentado asesinarla en múltiples ocasiones, obligándola a esconderse en casas seguras y a vivir bajo un burka.
Ahora, a los 31 años, Joya, conocida ampliamente como “la mujer más valiente de Afganistán”, ha llegado a los Estados Unidos para promover su nuevo libro y entregar un mensaje al gobierno estadounidense en el momento en el que la administración Obama, según todos los informes que ofrece la prensa, está considerando aumentar el nivel de efectivos en aquel país.
La gira tuvo lugar entre 23 de octubre y 12 de noviembre, y durante la misma presentó la siguiente demanda en las dos docenas de encuentros que mantuvo desde Nueva York a Los Ángeles: “Váyanse de mi país lo más pronto posible”.
Joya forma parte del puñado de mujeres afganas que se manifiestan contra la ocupación de Afganistán y llaman la atención ante el empeoramiento de la condición de las mujeres. Al finalizar su gira por EEUU, se dirigirá a Canadá para celebrar otra serie de conferencias y encuentros.
EEUU facturó la invasión de Afganistán como un momento liberador para las mujeres afganas.
“La última vez que nos encontramos en esta Cámara, las madres e hijas de Afganistán estaban cautivas en sus propios hogares y tenían prohibido trabajar e ir al colegio”, dijo el Presidente George W. Bush en 2002 en su discurso sobre el Estado de la Unión. “Ahora las mujeres son libres y forman parte del nuevo gobierno afgano”.
Joya dijo que la violencia de la ocupación y la misoginia de los actuales dirigentes políticos del país han empeorado sus vidas.
“La situación de la mujer es un infierno”, dijo Joya en un discurso en la Universidad Brown, que formaba parte de su gira, señalando que un único hospital en Kabul ha informado de más de 600 intentos de suicidio de 2008 a 2009, intentos cometidos por mujeres en su mayoría.
Joya denominó el actual régimen existente bajo el recientemente reelegido Presidente Karzai de “mentalmente similar a los talibanes”, diciendo que “sólo a nivel físico había cambiado el gobierno”.
Se refirió a la firma por Karzai de la denominada “ley de la violación” como una prueba de la naturaleza misógina de su gobierno. Tras las protestas globales que se produjeron en el mes de abril, Karzai votó para cambiar la ley, que mandaba a las mujeres chiíes someterse sexualmente a sus maridos. El pasado verano se aprobó una segunda versión de la ley, que ahora permite que los hombres chiíes le nieguen el alimento a sus esposas si no obedecen sus demandas sexuales.
Afganistán es “como un sándwich entre dos enemigos poderosos… los enemigos internos y los enemigos externos”, dijo Joya. “Es mucho más fácil combatir contra un enemigo que contra dos”.
La segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que había sido fijada para el pasado 7 de noviembre, se canceló declarándose ganador a Karzai una vez que su contrincante, Abdullah Abdullah, que había acusado a Karzai de fraude, se retiró el 1 de noviembre de la carrera electoral.
Más tropas estadounidenses
Aunque sigue cuestionándose la legitimidad del Presidente Karzai debido a las acusaciones de falsificación de votos, el Presidente Obama parece estar dispuesto a enviar más tropas en su apoyo a Afganistán.
Muchos en EEUU, incluido el senador por Massachussets, John Kerry, creen que si las tropas estadounidenses se retiran se producirá una guerra civil.
Joya está entre quienes opinan que el país ha alcanzado ya tales niveles de violencia que superan con mucho los de una guerra civil y que debe confiarse en que el pueblo afgano será capaz de asumir las riendas.
“Es imposible llevar la democracia a través de la guerra”, dijo en respuesta a una cuestión en la Universidad Brown sobre quién proporcionaría la seguridad en ausencia del ejército estadounidense. “Déjennos respirar en paz”, dijo. “Sabemos qué hacer con nuestro destino”.
Joya se ganó el reconocimiento internacional en 2005 cuando habló contra los señores de la guerra y narcotraficantes en la asamblea constitucional afgana. Dirigiéndose a los “criminales” que controlaban el país, les tildó de ir en contra de las mujeres, pidió que se les sometiera a juicio en un tribunal internacional y declaró que la historia nunca iba a perdonarles. Fue entonces sacada de la cámara de la asamblea en un mar de amenazas y aplausos.
Tras hablar en Brown, Joya se reunión con Women’s eNews y recordó con una sonrisa otro discurso en la que comparó a los miembros del parlamentos con los animales, cuestionando su integridad y utilidad. Eso hizo que la expulsaran del parlamento y que la despojaran de su papel político formal, pero ella nunca se ha callado la boca.
Joya no dispone de mucha seguridad en los actos que lleva a cabo e incluso, como dijo a Women eNews, se enfrenta también a amenazas de los aliados de los señores de la guerra en EEUU.
Cuando se le preguntó si merecía la pena tanta amenaza y estar separada de su familia, Joya, se sintió muy conmovida y se puso a hablar de sus hermanas las mujeres en su país, relatándonos historias de mujeres y niñas violadas, torturadas y asesinadas en Afganistán.
Nos contó de una niña de cinco años asesinada por resistir a los intentos de violación de un hombre adulto, de otra niña que suplicó el derecho a divorciarse después de soportar las torturas de su marido y de los cientos de mujeres que se han quemado vivas para escapar de vidas de pesadilla, de pobreza y de abusos [*].
Nos dijo que algunas veces es incapaz de dormir por la noche después de haber visto fotos de los horrores. Es la lealtad con “mi pueblo” la que la ha traído a Estados Unidos, donde ha hablado ante atestados auditorios y vendidos ejemplares de su libro editado en 2009: A Woman among Warlords.
Joya manifestó que se puso a escribir el libro para intentar comunicar una pequeña parte del dolor y sufrimiento de su pueblo y para revelar la verdad sobre los señores de la guerra que eran sus pares en el parlamento. Aunque hay funcionarios del gobierno que han demandado a Joya por insultarles, no cree que deba ser ella quien pida excusas.
“Alguien tenía que contarlo y yo lo hice… y no lo lamento”, dijo.
Y a continuación se dirigió al Presidente Obama: “Pida perdón a mi pueblo y ponga fin a esta guerra”.
Adrienne Mong rawa.org

El pasado viernes tuvimos que ser testigos de la muerte de una adolescente.
A Shirin la habían casado hace dos años, cuando sólo tenía quince… Murió seis horas después de conocerla en el hospital. (NBC News)
Shirin, de 17 años de edad, fue llevada a la Unidad de Quemados del Hospital Regional de Herat pocos días antes de nuestra visita allí. El noventa por ciento de su cuerpo se había convertido en una inmensa quemadura de tercer grado.
Su suegra dijo que Shirin se había quemado accidentalmente. La muchacha estaba en la cocina preparando una comida pero algo hizo que confundiera la gasolina para cocinar con el petróleo, dijo.
Pero el Dr. Mohamed Aref Jalali, director de la Unidad de Quemados, nos dijo que Shirin le contó en privado que se había prendido fuego deliberadamente tras pelearse con su suegra y su cuñada.
En Afganistán, muchas muchachas deciden autoinmolarse pensando que es la mejor solución para escapar de los problemas familiares, manifestó el Dr. Jalali.
“Estas chicas creen que no está bien intentar resolver el problema con el suegro o con la suegra”, dijo el doctor. “Piensan que la autoinmolación lo resolverá todo”.
Es una “solución” que se está convirtiendo en un problema muy grave en Afganistán, especialmente entre las mujeres jóvenes, de edades comprendidas entre los 13 y los 25 años.
En los primeros siete meses de este año, el equipo médico de la Unidad de Quemados de Herat –la única que tiene esa especialidad en todo el país- dijo que habían tratado 51 casos de mujeres que se habían autoinmolado. Sólo 13 habían conseguido sobrevivir.
La práctica procede de Irán, adonde huyeron muchas refugiadas afganas durante la guerra de una década de duración con la Unión Soviética (1979-1989) y la etapa posterior de los enfrentamientos entre muyahaidines que siguió durante los años noventa, dijo Jalali. Pero ahora se ha extendido la “popularidad” del método entre las mujeres afganas, a menudo de origen muy humilde, analfabetas, donde la tradición de niñas casadas a la fuerza sigue teniendo pleno vigor.
“El matrimonio forzado es la razón más importante de estos hechos y se produce como consecuencia de los problemas económicos”, dijo Jalali.
Muy frecuentemente, en los matrimonios arreglados, a las mujeres no se les concede ningún valor.
“Están allí sólo para lavar, limpiar, tener niños… y nada más”, dijo Marie-Jose Brunel, una enfermera francesa voluntaria de la Unidad de Quemados que se mostraba llena de calidez francesa y decidida seriedad. “Si no tienen libertad, no tienen posibilidad de estudiar y ser consideradas como nada es algo muy, muy duro de soportar”.
En el hospital nos encontramos con Rezagul, otra paciente que estaba en la misma sala que Shirin. A la muchacha, flacucha y analfabeta, de trece años, la habían casado a los once con un hombre que era casi veinte años mayor que ella. Nos contó que la sometía a malos tratos, que le pegaba en cuanto cometía el menor fallo en las labores domésticas. Igual hacía su cuñada. “Todos eran muy crueles conmigo y me golpeaban, mi marido, mi cuñada, mi cuñado…”, dijo.
Debido a la frustración y a la nostalgia de su propia familia, Rezagul decidió tomar medidas drásticas.
“Me sentía tan mal”, recordaba. “Me rocié de gasolina y me prendí fuego. No quería vivir”. Las quemaduras le cubrían la mitad inferior del cuerpo.
Necesitó varios meses para poder recuperar la piel y ahora estaba de nuevo en la clínica a causa de un dolor renal crónico. Jalali dijo que Rezagul necesitaba aún someterse a cirugía reconstructiva, con terapia física, para que pudiera recuperarse bien.
El día que la visitamos, Rezagul parecía tranquila y casi feliz. Ya no estaba casada. Su padre había ido a buscarla y había vuelto con su familia. Estaba excitada pensando que pronto acudiría al colegio por primera vez en su vida.
En realidad, con sus quemaduras aún cubriéndola, Rezagul parecía la foto de la salud, como Brunel, la enfermera, le decía tomándole el pelo, un testimonio del éxito de la Unidad de Quemados.
Brunel, que vive habitualmente en el sur de Francia y se traslada a la clínica como voluntaria a través de la ONG francesa Humani Terra International, lleva trabajando desde 2003 con el equipo médico de la Unidad de Quemados.
De hecho, tuvo un papel decisivo en el comienzo de la unidad (que en sus orígenes formaba parte del hospital principal con sólo un puñado de camas y personal aún no preparado) tras una reunión con el entonces gobernador de Herat, Ismael Khan, que comprendió e impulsó la creación de un lugar donde tratar las quemaduras.
En octubre de 2007, tras años intentando encontrar financiación, planificación y formación, Brunel y sus colegas afganos abrieron el centro de tratamiento que estábamos visitando. El centro recibe de media al año entre 600 y 700 pacientes con quemaduras, la mayoría víctimas de accidentes domésticos, muchos de ellos niños. Había una sala con docenas de niños, la mayoría con varios miembros envueltos en gasas y vendas, como consecuencia de haberse derramado encima el agua hirviendo de la tetera.
Sin embargo, una parte importante de las pacientes son víctimas de autoinmolación, al menos un 10%, según las estadísticas que lleva la Unidad de Quemados. “En 2003, cuando empezamos, estimamos que en Herat se producían unos 350 casos al año”, recordaba Brunel. El número ha disminuido –al menos en cuanto a las víctimas de la provincia de Herat- después de que el hospital y el gobierno local lanzaran una campaña pública de concienciación.
“Hemos visto cómo el problema iba disminuyendo”, manifestó Brunel. “Y confío que tras un segundo año de campaña, se reduzca aún más”.
Pero necesitan más financiación y más tiempo. Aunque los casos de autoinmolación en el interior de la provincia parecen estar disminuyendo, siguen creciendo los casos provenientes de otras zonas.
“Nos llegan de otras provincias”, dijo el Dr. Jalali. “Ahora tenemos pacientes de las provincias de Farah, Nimruz, Badgis y Helmand”.
A lo largo de nuestra visita, volvíamos a visitar a Shirin de vez en cuando. Llevaba tiempo delirando y no paraba de quejarse. Su madre, Hanifa Ahmadi, no se separaba de ella, acariciándole de vez en cuando la cabeza.
Ahmadi, una bella mujer que parecía más persa que afgana, dijo que no entendía por qué su hija se había prendido fuego. “Shirin fue siempre una muchacha alegre que se llevaba bien con todo el mundo”, dijo.
Ahmadi estaba convencida de que Shirin se recuperaría pronto y dejaría el hospital, pero el Dr. Jalali no tenía dudas.
“No va a durar mucho. Quizá una hora, hora y media. Es terrible pero no puedo hacer nada. Tiene el 90% del cuerpo abrasado con quemaduras de tercer grado”.
Brunel asintió. “No podemos hacer nada… excepto ayudarla para que muera con dignidad”, dijo. Ella y un camillero se turnaban tratando de hacer que se sientiera lo mejor posible, poniéndole un tubo para ayudarla a respirar, alimentándola, o aunque solo fuera alisando las sábanas que cubrían su cuerpo quemado.
El final se produjo algo más tarde de lo que el doctor había predicho, pero llegó. Seis horas después de que la conociéramos, expiró.
Los miembros de su familia pasaron por delante de nosotros en el vestíbulo a toda velocidad, su madre, su tío, una tía y después su marido, que parecía más confundido que apenado. Subieron llorando a la habitación de Shirin, dando vueltas alrededor de su cama, retorciéndose las manos; incluso su suegra, con la que la muchacha se había peleado unos días antes.
Nos hicimos a un lado silenciosamente, recogimos nuestras cosas y nos preparamos para marcharnos tratando de no molestar.
Cuando bajamos al vestíbulo por última vez, me asomé a la habitación donde estaba Rezagul. Ella me miró con sus vivos ojos y me dijo adiós con la mano. ¡Qué seas feliz, pequeña!